De repente, me sorprendió la llegada de Agosto (años 2007) y como no planifico, me dije, voy a ir a Finlandia, por recomendación de mi amiga María que me comentó que allí tenía unos amigos, una familia finlandesa, a la que luego no visité porque me lié. Nunca había viajado solo tanto tiempo y la verdad casi acabo un poco más loco. Finlandia tiene una densidad de habitantes muy baja, me relacioné cuando me lo pedía el cuerpo, se llevan muchas armas, solo llegué a aprender a decir hei y kittos y comenzaba a inquietarme por mi voz interior siempre hablándome, siempre tarareando melodías de temas de ayer y hoy sin pedirme permiso. No conseguí aplacarla. Bicicleta y tren fundamentalmente. Hice fotografías de día, no se usar el flash y la noche se la dedicaba al rock. Estas fotos creo que recogen mi punto de vista del viaje, claro. Yo en Finlandia, todo por delante, continuamente inquieto y excitado, sin paz. Vistas ahora me doy cuenta de la distancia que mantuve con el lugar. Podría haber estado en cualquier otro. Sin datos o curiosidades de sus gentes y sociedades, puedo decir que allí estuve fugaz, y que estar significa sentir. Lagos, bosques, calles, renos, saunas, plazas desiertas, y la simbólica meta de llegar al círculo polar y gente encantadora a la que no dejé indiferente. Kiitos!